Las dificultades de una Open Science
Open Science, o ciencia abierta. Antonio Lafuente comenta los resultados que Nature ha publicado sobre su iniciativa de revisión de artículos de forma abierta (Open Peer Review). Nature ofreció a los autores que lo desearan la posibilidad de que sus artículos (aceptados en una primera criba) recibieran comentarios públicos que posteriormente serían incorporados (si así lo creían conveniente) a los comentarios por el revisor. Se trataba de ensayar un modelo de Open Peer Review. La prueba se hizo entre el 1 de junio y el 30 de noviembre de 2006. Los resultados han sido muy limitados. Antonio lo glosa (vía Golem):
Nature recibe para publicar unos 10.000 textos al año.
Los editores hacen el primer filtrado y rechazan (sin mayor revisión) alrededor del 60%.
El 40% restante es revisado por dos o tres árbitros (pares) que ayudan a los editores a decidir tras emitir sus informes expertos.
Al final sólo se publica el 7% de lo que les llega.
Durante la duración del ensayo Nature recibió 1.369 papers, de ellos:
Sólo el 5% (71 artículos) de los autores aceptaron que se les aplicara el proceso de revisión abierta (open peer review).
De los 71 artículos (venidos de 15 áreas distintas del saber):
33 no recibieron comentario alguno.
Los 38 restantes tuvieron 92 comentarios distribuidos desigualmente: 8 artículos que recibieron 49 comentarios.
Al final, sólo 4 comentarios merecieron la calificación de técnicamente relevantes.
Para Golem, Antonio o Julen, como para los responsables de Nature, los resultados constituyen un fracaso. A mí, por el contrario, me parece un error un juicio de ese tipo, y me parece algo ingenua una interpretación así. El problema es que muchos de estos análisis parten de una cierta perspectiva determinista tecnológica. La que considera que las posibilidades técnicas se abren camino como un cortejo real que atraviesa fácilmente a la multitud que se abre a un lado y otro.
La revisión abierta basada en el uso de dispositivos como los wikis, los blogs, el RSS, los foros, etc. es un práctica compleja, a la que no se va a llegar únicamente instalando unas nuevas herramientas, porque es necesario todo un cambio en la práctica social de los científico, en su imaginario, en la adopción de un ideario colaborativo… desarrollar todo eso es un trabajo arduo y difícil. Por eso me fascinan en Internet los colectivos (formados por humanos y no humanos: software, servidores, máquinas, usuarios…) que funcionan, ya sea Menéame, Flickr, YouTube, Barrapunto… porque conseguir no sólo que el software funciones, sino que mantenga unidos, motivados, y sostenga la participación de los individuos es algo prodigioso. Ya vemos que Nature, con todo lo que es, no ha sido capaz de lograrlo.
Así que disiento con Antonio en su argumentación sobre este tema, y en su optimismo tecnológico en lo que se refiere a eso que él ha bautizado como ‘Ciencia 2.0’ (excelente el artículo publicado en mi+d con este título), nombre que me horroriza casi tanto como el de Web 2.0. Pero coincido absolutamente con la necesidad de explorar nuevas vías para la construcción del conocimiento científico. Conozco a Antonio hace algunos años y en los últimos meses (desde que hemos retomado nuestra relación) ha conseguido cautivarme con su pasión por desarrollar nuevas formas de hacer ciencia.
Una nueva forma de hacer ciencia, una ciencia abierta. Open Science. La argumentación de Antonio a favor de la Open Science es clara y tiene al menos dos pilares. Uno de estos pilares es una crítica al modelo científico de publicación basado en la revisión por árbitros/pare (peer review), un modelo con enormes déficit y defectos y con problemas acuciantes. El otro pilar tiene que ver con el nuevo escenario social, que reclama una mayor apertura de la ciencia, ya sea de unas disciplinas a otras disciplinas, de la Ciencia en mayúsculas a los ciudadanos, en minúscula, de los expertos a los legos, ya sea porque estos pueden aportar un conocimiento valiosísimo en ocasiones, ya sea por un imperativo moral y político que exige la desacralización del saber llamado experto y la incorporación de la ciudadanía a la producción y gestión del saber, lo que en el fondo significa la incorporación de los no-expertos a la política.
Todo esto desemboca en la Open Science, en lo que Antonio llama Ciencia 2.0, pero a mí me horroriza ese uso del ‘2.0′, porque parte de la idea falaz de una Web 2.0.
Open Science que significa Open Content, Open Data y Open Peer Review. Es decir: (i) publicaciones cuyos contenidos son abiertos y pueden ser distribuidos libremente porque los derechos de propiedad intelectual han sido cedidos (Open Content), (ii) datos brutos de las investigaciones abiertos, accesibles y en formátos estándares de forma que puedan ser usados y reusados por otros investigadores, por los revisores, etc. (Open Data) y (iii) un nuevo modelo de revisión que sea público, abierto y horizontal (Open Peer Review).
He recopilado material sobre Open Science en mi del.icio.us, en la categoría de Open Science.






En efecto, en mi opinión el cambio también es cultural, antes que tecnológico. El actual sistema científico está basado en la meritocracia, término con un significado antagónico al de colaboración. La Web 2.0 –y por extensión la ciencia 2.0– basa sus principios en la compartición de conocimiento y la apretura de los procesos, que tienden a la horizontalidad y la transversalidad. Pues bien, el modelo imperante en “la academia” es radicalmente contrario a estos principios.
Pondré un ejemplo personal. Yo soy docente y científico. Vivo de ello y, para mantener e incrementar mi estatus en el sistema que me acoge, tengo que dar cuenta ante la academia de mi rendimiento. Las medidas de ese rendimiento están claras, la ANECA las publica en forma de criterios de evaluación disponibles para todo el mundo. Pues bien, Cada vez que escribo en un blog o respondo a comentarios de otros colegas y amigos –como en esta ocasión–, cada vez que utilizo las herramientas del Internet social para expresar opiniones fundadas en temáticas que conciernen a mi trabajo, siento que estoy perdiendo el tiempo. ¿Por qué? Soy acaso un agorero de lo 2.0. Al contrario. Sencillamnte siento que tiro la papelera el trabajo, porque nunca nadie me valorará este trabajo. Al menos en el corto-medio plazo.
La conclusión positiva de todo esto es que, como dice Adolfo, antes que el software, el cambio tiene que estar en las estructuras de poder de la academia. Y, para ganar esa partida, los nuevos métodos deben demostrar que son mejores que los anteriores. Por ahora, parece que Nature no lo ha conseguido y yo, después de haber leído algunos artículos sobre ciencia 2.0 y escrito algo en (ciber)campo, no alcanzo a ver una estrategia operativa (con pasos y medidas claras) en favor de esta idea de ciencia horizontal, democrática y participativa.
¿A alguien se le ocurre algo guay?
“Hay otros mundos pero están en este”… A mi me pasa lo mismo que a Daniel, pero no se me ocurre ninguna idea guay, solo seguir practicando este deporte de compartir las ideas y las cosas. Ya es un signo importante que Nature lo haya intentado, aunque lo valore como fracaso.
Daniel, como ocurre habitualmente, coincidimos en nuestras posisiciones, pero disentimos completamente en los caminos que nos llevan a ellas.
La verdad es que no estoy de acuerdo en bastante de lo que dices, pero ahí está la gracia de nuestras dicusiones.
Lo principal es lo de siempre. No creo que se pueda decir que el problema es un cambio cultural, porque la cultura se construye ‘en’ y ‘a través de’ un contexto material concreto. Así pues, no se trata simplemente de un cambio ‘cultural’, porque eso al final sigue asumiendo el determinismo tecnológico: “tenemos que conseguir que la gente se acostrumbre a estas tecnologías, una vez que las acepten entonces la cosa marchará”, o algo así suelen ser esos argumentos. Creo que es más sofisticado, la introducción de nuevos dispoisitivos obliga a desarrollar nuevas prácticas, a un proceso continuo de creación de nuevos vínculos, redes, neuvas formas de hacer, que lleva su tiempo.
Lo siguiente es que yo no creo que la meritocracia esté reunida con los modelos colaborativos. El paradigma en Internet de los colectivos colaborativos son las comunidades de software libre, que son de una meritocracia absoluta.
Yo no creo que la Web 2.0 (si es que podemos hablar de un concepto como Web 2.0 con seriedad) sea “base sus principios en la compartición de conocimiento y la apretura de los procesos, que tienden a la horizontalidad y la transversalidad”, pero sí que estoy convencido de que ayuda a desarrollar un nuevo tipo de ciencia. Sólo con el desarrollo de etnovirtual como plataforma de intercambio y compartición de conocimiento ya lo estamos intenanto.
Y vemos que no se trata sólo de tener herramientas. Cuesta mucho conseguir que los colectivos cristalicen, intercambien información, compartan, creen vínculos. Basta con ver el poco tráfico que tenemos en la lista.
Hola a todos y Feliz año!, me resulta muy interesante el debate que han generado, tengo que decir que estoy descontextualizada en relación a algunas cosas que plantean y a las que aluden, pero eso no implica que no comprenda los argumentos que están desarrollando.
Acuerdo con el cambio cultural así como también con la base material que este posee. Nadie puede negar que las relaciones sociales se han transformado con las NTICs, sobre todo con el uso que se le dan en todos los ámbitos(científico, cotidiano, etc.), y al mismo tiempo no se puede dejar de decir que esas relaciones están atravesadas y condicionadas por una base material(que no necesariamente es determinista). Voy a dar un ejemplo en relación de la convivencia(no sé si es la palabra correcta) del cambio cultural y la base material:
al igual que ustedes soy docente, me desempeño en la formación de docentes desde hace un año, y cuando comencé tenía la idea de que iba a poder utilizar las NTICs con mis alumnos como un elemento que nos permita tener más comunicación durante la cursada, dado que ellos se encontraban en el periodo de residencia y no podían asistir regularmente a clases, muy a mi pesar, me di cuenta que no había un manejo de algunas herramientas básicas como el correo electrónico por desconocimiento de su utilización, además que este manejo también estaba condicionado por una base material que sencillamente resultaba de no poseer una conexión a Internet, frente a esta situación y aunque no era un contenido de mi asignatura, intente persuadirlos para que conozcan las herramientas y comiencen a usarlas, sobre todo porque estaban próximos a recibirse del profesorado de egb 1 y 2(maestros para la escuela primaria).
Ustedes se preguntaran ¿a que viene este ejemplo?, el contexto del instituto de formación al cual hago referencia no es adverso, las tecnologías están, el cambio cultural se está dando, porque se utilizan otras tecnologías por ejemplo los celulares, pero no se encuentra la necesidad de utilizar las NTICs en este ámbito como un lugar para compartir el conocimiento o construirlo, salvo por algún profesor “loco” o “innovador” que quiere usarlas. Pero yendo al grano, lo que quiero decir es que, hay sectores de la sociedad que se encuentran excluidos del uso de las NTICs, por la convivencia del condicionamiento de la base material y por el cambio cultural, específicamente, en el ámbito educativo se encuentran excluidos del uso de las NTICs(con uso me refiero a conocer la herramienta, su lenguaje, su historia, sus contextos, su potencial, etc.), ni más ni menos que algunos colectivos docentes, si esto se da en la formación de docentes, ¿cómo no puede darse en lo que ustedes llaman academia?, ¿cómo no puede darse en el ámbito universitario?(por lo menos acá en la Argentina existen sectores que resisten a los cambios tecnológicos en relación a la información y comunicación fuertemente, algunos por el sólo hecho del cambio y su relación con quienes poseen los medios de producción y el imperialismo, otros por los manejos con información, etc.)… seguramente son diferentes las bases materiales, son diferentes las transformaciones culturales que se dan en la académica y en la formación de docentes a la que hago referencia, pero estamos hablando de conocimiento, la producción de conocimiento es una tarea sumamente compleja, y es lógico que situaciones como la de Nature(de la cual no tenia conocimiento) se den, y tampoco los considero fracasos, sino que son las fisuras para la trasformación cultural, desde la etnografía tal vez nos muestran una racionalidad de la academia que de otra forma es difícil explicitar, sería interesante analizarlo desde esta perspectiva, intentar comprenderlo antes que dar un fallo entre éxito y fracaso…
Antes de terminar, espero no haber confundido ni haber hecho muy extensa mi opinión, y participo en estos espacios porque soy un poco utópica y creo en el conicmiento abierto.
Un abrazo, Virginia.
P.D.: Daniel, me pasas la cita bibliografía de Castells, quiero saber si es el material que tengo. Gracias.
Virginia, es interesante el caso que cuentas. Me quedo con este pasaje:
“por lo menos acá en la Argentina existen sectores que resisten a los cambios tecnológicos en relación a la información y comunicación fuertemente”
A mí me plantea muchos problemas ese concepto ‘resistencia’ al cambio tecnológico. En general, me parece que cuando hablamos de resistencia estamos eludiendo la explicación. A fin de cuentas, si asumimos que, como cita Daniel: “la distinción entre la sociedad y la tecnología ha desaparecido”, entonces el concepto de resistencia carece de valor, porque introducir una nueva tecnología es transformar la sociedad, reconfigurarla y establecer otro orden. Establecer otro orden implica romper con el ya existente, con toda la trama que encontramos ante nosotros, romperla y tejer una nueva, y eso siempre requiere de un esfuerzo. Hay que romper los vínculos existentes y trazar otros nuevos. ¿Resistencia?, siempre hay resistencias, la cuestión es que cuando una tecnología ‘triunfa’ se borra el rastro de las resistencias que tuvo que superar, y lo único que queda era el nuevo orden. Pero siempre hay resistencias.
La resistencia no es más que un efecto del orden establecido, un orden que la introducción de una nueva tecnología pretende reconfigurar. Lo interesante es desmenuzar pormenorizadamente las estrategias de quienes se apegan y defienden el orden existente (y no quieren usar los nuevos dispositivos como el correo, invertir en las nuevas tecnologías, etc.) y las estrategias de quienes quieren establecer un nuevo orden (en este caso tú misma, Virginia).
Ya se està avanzando. Este ejercicio es parte de ese avance. Muchos cientìficos se resisten a poner sus trabajos en web para ser conocidos porque dependen de los mismos para sobrevivir dentro del complejo mundo de la academia. Otros consideran que los blogs son parte de una nueva generaciòn y que el debate es solo para los màs jòvenes. Todas estas opiniones son parte del cambio cultural. Creo que se hace necesario una revisiòn exhaustiva de paradigmas para ir construyendo otros. Es el caso de las ciencias de la comunicaciòn. Los nuevos medios o nuevos modelos de comunicaciòn han abierto un debate que amerita saber còmo ubicarnos desde lo ontològico, lo epistemològico y lo metodològico. Por el momento se ha avanzado màs en lo metodològico: 1) clasificaciòn de los nuevos medios desde diferentes visiones.
En lo relativo a lo epistemològico, se està dando una revisiòn total en relaciòn al sujeto: participante, interactivo,propositivo, intertextualizado, hipertextualizado, fuente de informaciòn etc, etc, pero hace falta que debatamos y conceptualizamos y sistematicemos para avanzar de manera mas coherente con el cambio tecnològico. Enhorabuena por abrir estas discusiones. Saludos desde Centroamèrica. Lilly Soto Vàsquez. Catedràtica de la Universidad Rafael Landìvar y Universidad Galileo.